Señor Director:
La inteligencia artificial ya forma parte de la sala de clases, aunque a veces queramos mirar hacia otro lado. Estudiantes que usan ChatGPT para resolver tareas, profesores que prueban aplicaciones para corregir más rápido, universidades que comienzan a debatir su incorporación. El fenómeno está aquí, nos guste o no.
El desafío, creo, no esInteligencia Artificial en la educación prohibir ni demonizar la IA, sino aprender a convivir con ella. Tal como en su momento ocurrió con las calculadoras o con Internet, estas herramientas cambian las reglas del juego, pero no reemplazan la necesidad de enseñar a pensar. El verdadero peligro no está en la tecnología en sí, sino en usarla sin criterio, sin ética y sin acompañamiento pedagógico.
La educación debería abrir espacios para discutir cómo preguntar bien, cómo contrastar información, cómo reconocer sesgos y cómo usar la IA como apoyo y no como muleta. No se trata de renunciar a lo humano, sino de ponerlo en el centro: pensamiento crítico, creatividad, empatía. La IA puede ser útil, pero jamás podrá reemplazar eso.
Quizás esta sea una oportunidad para repensar el sentido de educar en Chile: menos centrado en la memorización y más en la formación de ciudadanos capaces de usar la tecnología con responsabilidad, autonomía y sentido público.