Pedimos minería responsable, no silencio frente al daño

Señor Director:

Vivo en Tierra Amarilla, una localidad donde la minería está en cada rincón, está presente en el día a día. Por desgracia, trabajo en una de estas faenas, en lo que me obliga a convivir con una contradicción dolorosa: mientras mi sustento depende de la actividad minera, mi ciudad, que tanto me ha dado, y mi familia sufren las consecuencias.

La contaminación que respiramos día a día no es un detalle menor. El polvo es suspensión, los relaves cercanos y el tránsito constante de camiones y camionetas rojas marcan nuestra rutina.  Las calles se ven colapsadas; muchas veces los conductores que manejan los vehículos no miden la velocidad y pasan muy veloces, generando miedo de que un accidente arrebate la vida de un ser querido, vecino o algún animal indefenso. A veces uno prefiere callar, porque alzar la voz puede significar perder mi trabajo y con ello entregar el sustento a mi hogar.

No es justo que tengamos que vivir entre nubes de polvo y ruidos de motores, mientras los informes que deberían dar cuenta de lo real que pasa minimizan el impacto y las autoridades locales solo aparecen cuando hay una desgracia. Las enfermedades respiratorias y los casos de cáncer en nuestra comuna no son casualidad: son las consecuencias de un modelo extractivo que no asume responsabilidades sociales ni ambientales.

Ojalá que se implementaran soluciones reales: caminos exclusivos para camiones, mayor fiscalización por las autoridades y un control estricto sobre las mineras. No se trata de estar en contra de la minería, sino de exigir que se realice de una manera regulada, responsable, poniendo la salud y la vida delante de sus utilidades.

Atentamente
Bruno Roja
Tierra Amarilla.